Folclore: "Saberes de pueblo"

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    • Folclore: "Saberes de pueblo"


      Desde las raíces más profundas de la tradición nace el Folclore, rescatando los valores esenciales de las prácticas culturales de nuestros pueblos. Valorizando los saberes, manteniendo las costumbres familiares y poniendo de manifiesto la virtuosa esencia que nos hace únicos.

      La familia "Hijos Bastardos Parker" se enorgullece en presentar éste nuevo hilo, donde compartiremos y ahondaremos cuentos, leyendas, costumbres y supersticiones, tan propios y característicos de nuestra cultura como la tradicional música folclórica.


      Saberes de pueblo llega homenajeando a aquellos relatos típicos, que hicieron de nosotros ávidos oyentes y hasta creyentes. Relatos que forjaron historia, que marcaron los caminos sonoros de nuestro Pueblo y que nunca quedarán en el olvido.


      Cordiales saludos foreros!


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    • El Duende - Leyendas/Supersticiones - Provincias del Norte Argentino.



      El duende es un ser chiquito de unos cuarenta o cincuenta centímetros, un niño que ha muerto sin ser bautizado. Cabezón, la cara es overa y tiene astitas. Piernas cortas, los brazos apenas le llegan a la cintura. Le tapa la cara un sombrero bien grande, blanco o negro, de lana. Viste con un poncho a la usanza criolla; su ropa es de barracán, lleva pantalones grises harapientos y anda descalzo (sus pies son muy pequeños).

      Llora como una criatura.

      Tiene una mano de hierro y otra de lana y siempre golpea con la de hierro. Es muy fuerte y puede vencer a varios hombres juntos.

      Es difícil verlo con claridad. Se lo percibe como en medio de una luz.

      Regresa a la casa en donde ha vivido como niño y arma revuelo: mueve los juguetes, anda por todas partes para no dejar dormir la siesta, apaga las luces, tira las alpargatas, destapa a la gente que duerme, esconde la plata en algún hueco del rancho, lanza terrones, cascotes o cualquier cosa a las personas. Cuando el duende toma una casa ya no deja vivir y hay que mudarse lejos; pero no debe olvidarse nada: el duende los seguirá a todas partes llevando cualquier rojeto que los dueños hayan dejado, aunque sea un pedacito.

      Es muy cargoso. Puede pasar por el ojo de una cerradura.

      Si uno tiene sospechas de que hay un duende en su casa, para confirmarlo bastara arrojar harina o ceniza al piso antes de ir a dormir. A la mañana siguiente aparecerán las pequeñas huellas de los piecitos.

      Ronda las viñas, las higueras, los campitos a la hora de la siesta o a la noche; suele vivir en un horno de barro. Va por ahí jugando con una pelota, con bolillas u otros juguetes. Corre, atropella. Le gusta estar en los arenales. Por los lugares donde anda, deja bosta amarilla.

      Se acerca a los niños de corta edad, los llama, les tira piedritas y si lo miran les hace señas para que lo sigan y así los pierde, los enferma, les provoca fiebre, los aporrea o mata empujándolos a precipicios o cortes profundos de las minas.

      También persigue a las niñas jóvenes y se enamora de ellas, les tira del pelo mientras duermen o se lo trenza de modo que no se pueda desatar (a estos nudos se los denomina "nudos del duende") y no queda mas remedio que cortar el mechón. Les regala pañuelitos de seda de colores brillantes, les esconde la ropa. A veces muerde.


      Fuente: Seres Mágicos - Elena Bossi.
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      Durante toda mi niñez escuche historias y relatos relacionadas al "Duende", en el Norte Argentino es muy famoso, las personas mas grandes suelen asustar a los niños para evitar que estén en la calle por la noche. Espero sea de su agrado, y compartan cosas de sus lares!

      Saludos.-


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    • la pelada de la cañada:

      Corría el año 1885, año en que se implantaba la Ley Nacional del Servicio Militar Obligatorio. Además en ese mismo año, Leopoldo Lugones fundaba el primer Centro Socialista. Por esos tiempos, todavía Córdoba se alumbraba por las noches, con farolitos a gas de carburo de calcio y la ciudad se constituía en una aldea esencialmente religiosa, que se acostaba con murmullos de rezos y se despertaba al tañer de las campanas de sus iglesias.


      Se vivía en una época de duendes y fantasmas. La superstición o la credulidad del pueblo, se entremezclaba con creencias esotéricas, donde proliferaban sucedidos y leyendas que corrían en las tertulias familiares llegando esos comentarios a atemorizar las mentes infantiles, hasta en las horas de “las inevitables siestas”, creando duendes y fantasmas, merced al clima propicio de aquella sociedad.



      En cada baldío o zanjón, la imaginación de aquellos habitantes creaba un fantasma, nos atreveríamos a pensar. Los lugares mas aprensivos por lo sombrío del panorama, solía ser La Cañada, culpable también de las inundaciones traicioneras.
      Fue justamente en La Cañada, especialmente en el trayecto desde Las Cinco Esquinas hasta su desembocadura con él rió, que empezó por aquellos años a aparecer un fantasma, que durante largo tiempo provocó el temor de muchos cordobeses, para después convertirse en una leyenda.
      Las características de este aparecido, según los comentarios, de los que decían que lo vieron: “Era movediza, tenía una lustrosa pelada, vestía de blanco y crecía y sé encogía con facilidad”. Tratábase de “La Pelada de la Cañada”. De Pronto se aparecía cerca de la Capilla del Niño Dios (que se ubicaba en la intersección de la calle San Juan y La Cañada), como por las inmediaciones de la vieja fábrica de porcelana, por la calle Rioja.



      Tal vez aprovechando la fama de “la Pelada de la Cañada”, sin dudas, habrían aparecido algunos imitadores. Pero lo cierto es, que entre los asaltados por este fantasma, habría un comerciante “turco” que decía se le había aparecido por la fabrica de porcelana. Lo interesante del caso, era que del susto recibido, no podía bajarse del caballo que montaba, y pretendía por ese inconveniente, hacer la denuncia desde su cabalgadura. Cuentan que el comisario no encontraba la manera de hacer descender del animal al denunciante y al preguntarle el “por qué de su actitud”, contestole el turco de marras:
      Pasar señur comesario, que la Belada de la Cañada, ha asustado al caballo mío y ahora no dejar bajar al pobre turco…
      Preguntando en la oportunidad el Comisario:
      Usted, ¿no se asunto, amigo?
      Respondiendo el turco:
      Yo simplemente ensuciar pantalones, señur comisario.
      Para terminar de contar esta anécdota, diremos que tiempo después unos soldados del Regimiento 4 de Ingeniería que tenían sus cuarteles precisamente en la vieja fábrica de porcelana entre la calle Rioja y La Cañada, le hicieron una celada al fantasma. No se sabe si fue el autentico o no, lo que sí se sabe es que le dieron una soberana paliza.fuente .http://www.visitingargentina.com/blog/la-leyenda-de-la-pelada-de-la-canada-cordoba.htm



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      Siempre me decían de esa leyenda urbana pero como son cuentos de boca en boca se va cambiando un poco la historia.
    • El Familiar - Leyendas/Supersticiones - Provincias del Noroeste Argentino.



      Con la avanzada de la invasión perpetrada hace 500 años los pueblos originarios fueron arrasados y desculturizados a esto se sumo con el tiempo en Argentina la llamada "Conquista del desierto", el ejército argentino exterminó a muchos pueblos originarios, lo que antes fuera justificado por la “evangelización” la posterior estaba justificada por la “civilización”, los que quedaron fueron utilizados como mano de obra esclava, para las nuevas actividades que surgían en un aparentemente floreciente país, muchos de estos damnificados de su tierra fueron a parar a los grandes ingenios azucareros del norte argentino.


      Los patrones de los ingenios, para hacerse de más ricos, para tener más suerte y abundancia, realizaban un contrato con el Familiar ( Diablo ). Cada año le ofrecían un peón de los que llegan a la cosecha, para que se lo coma.


      En las grandes fábricas, suelen ocurrir accidentes, particularmente en la caldera ( es frecuente que el trabajadoe caiga a la caldera y muera carbonizado ) y en el trapiche ( cuando el obrero va a tirar la caña en el trapiche puede resbalar dentro de la cinta transportadora que la tritura) y, cuando muere un hombre se dice que el familiar "ya se ha hecho la victima" (si muere más de uno es porque está hambriento ). El año será de mayor provecho para el dueño del ingenio cuanto más peones coma el Familiar.

      Esto explicaría el hecho de que en los ingenios más famosos de Jujuy, Salta y Tucumán desaparecieran peones todos los años y nunca se supiera qué había sido de ellos.

      Los dueños tenían en la fábrica un cuarto oculto donde vivía el Familiar. Allí enviaban a la gente a buscar herramientas; pero ninguno de los que entraban volvían a salir.

      Los hombre que conocen de estas cosas son precavidos; llevan una cruz grande colgada de su pecho, un rosario en su cuerpo y un puñal en la cintura. Si les sale el Familiar a querer comerlos, le hacen frente y pelean. Pueden quedar lastimados, con la cara y las manos arañadas, con la ropa rota , pero se salvarán gracias a la cruz y el rosario;si el hombre pelea con el facón, entonces será devorado.

      En los casos en que el peón sobrevive, los patrones pagan fuerte sumas para que no avise a nadie.

      Cuando el dueño se muere y no pas el secreto a otro, como ya no atienden al Familiar ni le dan de comer, este se pierde y la fortuna desaparece.
      Cuentan quienes lo vieron que su aspecto es parecido al de un perro enorme, feroz o como un viborón con ojos de gato y cerdas en la cabeza. Aparece también como persona , mulita, cerdo o torito negro.

      Fuente:
      cuco.com.ar/diablo.htm


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    • La mujer del angelito ( una leyenda de Córdoba Argentina)

      Los cocheros que hacían el recorrido entre Alta Córdoba y el Centro contaban con singular espanto terribles versiones que les sucedía a la vuelta al bajar por la avenida Roque Sáenz Peña. Decían que una mujer enlutada a la cual no se le veía la cara marchaba por los rieles en pos del tranvía llevando en sus brazos un pequeño ataúd sobre el cual había un candelero con velas de sebo. Adquirió tanta popularidad esta aparición que en las noches invernales se interrumpió por completo el trafico de peatones y los pocos vehículos que se animaban a pasar por la zona lo hacían acompañados por otro, nunca solos”.

      Así, el 1º de enero de 1926, en una larga evocación sobre la Córdoba de finales del siglo XIX, La Voz del Interior recordaba a la todavía fresca “Mujer del angelito”. La bajada de Alta Córdoba, como se la conocía en tiempos de la aparición paso a ser señalada como la “Bajada del angelito muerto”. El barrio hacia poco que se había incorporado a una ciudad que, ya saturada en los alrededores de la plaza San Martín, se atrevía a subir a los altos. La estación de trenes del Ferrocarril Belgrano fue un punto de atracción.
      La evocación del diario sostiene que el fantasma desapareció al instalarse en el barrio el R13 de Infantería, aquel cuerpo de artilleros que peleo en la intentona revolucionaria radical del 4 de febrero de 1905.
      Pero para Azor Grimaut, en su libro Duendes en Córdoba, aun hasta 1915 se hablaba de la “Mujer del angelito”. Entonces, los niños pequeños fallecidos eran tenidos como angelitos y sus velorios eran toda una tradición festiva, celebratoria. Para ellos, los féretros se pintaban de blanco y ese era el color del cajoncito que transportaba la mujer.
      Cuenta Azor Grimaut: “El viaducto ferroviario, de noche parecía un enorme bostezo interminable. A los dos lados de la bajada se levantaban como murallones los cortes de las dos grandes barrancas de greda y arena colorada. El transito de vehículos, especialmente pasadas las 11 de la noche, no era nutrido, aunque de tarde en tarde la sensación de que intentaba iniciarse, cuando el tranvía a caballo, mas popularmente conocido como “la carreta”, trabajosamente , por el agotamiento de las bestias, iniciaba su ascenso en dirección al norte. Mayorales y cocheros difundieron la versión (de la Mujer del angelito), que no dejo de preocupar hondamente a los supersticiosos, de que, regresar, siempre en el ultimo viaje cuando nadie -aparte de ellos- ocupaba el vehículo, se aparecía, corriendo por el terreno existente entre los rieles, delante de los caballos, una mujer de traje oscuro -quizás negro-, llevando en brazos un cajón fúnebre de angelito…”
      El fantasma, según la versión, se deslizaba de acuerdo a la velocidad del tranvía y finalmente a corta distancia del viaducto antes citado desaparecía como desvaneciéndose.

      Fuente: asusta2.com.ar/2013/09/05/la-m…eyenda-urbana-de-cordoba/
    • Se dice…

      El edificio que ocupa el Museo Blanes pertenece al período de auge de las quintas y villas del Miguelete en el siglo XIX. El ingeniero Juan Alberto Capurro, formado en el Politécnico de Turin, diseñará en 1870, para quien era entonces el propietario del predio, el Dr. Juan Bautista Raffo, una villa "palladiana" y el jardín se organizará de acuerdo a las pautas de la paisajística francesa. Valiosas especies vegetales, aún hoy en pie, irán conformando un pequeño parque. Pocos años después, la Quinta se vincula a peculiares figuras de la sociedad montevideana. En 1872 es adquirida por Clara García de Zúñiga, quien gustó escandalizar a la "aldea" con sus desplantes amorosos, naciendo allí, en 1875, su hijo Roberto de las Carreras, el célebre dandy del novecientos.
      Cansado de los continuos amoríos de Clara, su marido manda construir un altillo y encierra ahí a su esposa.
      Clara permanece encerrada en ese altillo años sin poder salir, por lo que se enajenó mentalmente, y aunque en un par de ocasiones logró escapar, fue recapturada y murió en ese mismo lugar.



      En 1929 la municipalidad adquiere la villa a sus últimos propietarios, la familia Morales, para destinarla a museo, encargando al arquitecto Eugenio Baroffio las obras de reforma y ampliación. Baroffio mantiene y continúa el lenguaje ecléctico historicista del diseño original, dejando intacto el cuerpo frontal del edificio y construyendo dos grandes salas posteriores con un claustro porticado entre ambas.
      El edificio es Monumento Histórico Nacional desde 1975, y hoy un testimonio vivo de aquellas villas de fin de siglo, rodeado del denominado Jardín de los Artistas.
      Pero lo más escalofriante del caso es lo que relato a continuación.
      Luego de convertida en Museo en la casona empezaron a suceder extraños fenómenos.
      Cuadros que se caían de las paredes, mobiliario que aparecía corrido de lugar, ventanas que se abrían solas y portazos inesperados.
      Y lo que más les helaba la sangre a los funcionarios del museo eran los sonidos hechos por el piano, como si alguien invisible lo estuviese tocando.
      Los empleados del lugar se dieron cuenta que estos fenómenos se sucedían cada vez que cambiaban el cuadro de Clarita de lugar ( el que aparece en las primeras fotos , y que fue pintado por el mismísimo Blanes cuando Clarita tenía 6 años, posiblemente en el año 1851) para las diferentes exposiciones.
      Se decidió dejar entonces el cuadro en el lugar original y no volverlo a tocar.
      Hablando con la empleada de la biblioteca, me contó que no solo no lo mueven, sino que tampoco lo tocan, pues quien lo hace alguna desgracia sufre.
      También se dice que cuando algún caballero buen mozo pasa frente al cuadro, los pícaros ojos de Clarita lo siguen. Es muy curioso el efecto que produce la mirada de la dama en cuestión, y no solo personalmente.
      Fijen su vista en el cuadro durante un rato y verán la extraña sensación que produce.
      Al día de hoy cuando se inaugura alguna exposición nueva, al otro día algún cuadro aparece en el piso. Según dicen es solo otra picardía de Clarita , que aburrida como está decide jugarle bromas a los serenos del Museo , que ya a esta altura se la toman en solfa y al reponer el cuadro en su lugar , reprenden a Clarita , como si ya fuese una vieja amiga.



    • @Reanimo

      La Llorona - Leyenda tradicional de la cultura mexicana


      Se cuenta que existió una mujer indígena que tenía un romance con un caballero español, la relación se consumó dando como fruto tres bellos hijos, a los cuales la madre cuidaba de forma devota, convirtiéndolos en su adoración.
      Los días seguían corriendo, entre mentiras y sombras, manteniéndose escondidos de los demás para disfrutar de su vinculo, la mujer viendo su familia formada, las necesidades de sus hijos por un Padre de tiempo completo comienza a pedir que la relación sea formalizada, el caballero la esquivaba en cada ocasión, quizás por temor al qué dirán, siendo él un miembro de la sociedad en sus más altos niveles, pensaba mucho en la opinión de los demás y aquel nexo con una indígena podría afectarle demasiado su estatus .
      Tras la insistencia de la mujer y la negación del caballero, un tiempo después, el hombre la dejó para casarse con una dama española de alta sociedad. La mujer Indígena al enterarse, dolida por la traición y el engaño, totalmente desesperada, tomó a sus tres hijos, llevándolos a orillas del rio, abrazándolos fuertemente con el profundo amor que les profesaba, los hundió en el hasta ahogarlos. Para después terminar con su propia vida al no poder soportar la culpa de los actos cometidos.
      Desde ese día, se escucha el lamento lleno de dolor de la mujer en el río donde esto ocurrió. Hay quienes dicen haberla visto vagando buscando desesperada, con un profundo grito de dolor y lamento que clama por sus hijos.
      La culpa no la deja descansar, su lamento se escucha cerca de la plaza mayor, quienes miran a través de sus ventanas ven una mujer vestida enteramente de blanco, delgada, llamando a sus hijos y que se esfuma en el lago de Texcoco.

      Edit: Wow, creo que fue un error abrir este hilo de noche xD pero está todo muy interesante, no pude evitar leer xD

      ¡Gracias Tice! :thumbsup:
      Clio <3
      ~No dejes que nada ni nadie apague tu luz~
    • Aquí dejo una leyenda de mi pueblo

      Display Spoiler
      Habíase una vez un pastorcillo que era manco del brazo derecho.

      Esto no le impedía que cada mañana acudiese con su rebaño de ovejas y cabras a la ladera de la montaña en donde los animales conseguían apaciguar su gana.

      Un día, al volver al aprisco con intención de encerrar al ganado, se encontró con una inesperada sorpresa. Un peregrino se protegía del sol sentado a la sombra en un lateral del corral.

      El hombre le dijo al muchacho que bajase al pueblo para que avisase al cura con estas palabras.

      -Chico, acércate a donde el cura y tráelo porque aquí lo espera San Roque.

      El chico con la rapidez del rayo bajó al pueblo y díjole al oído al cura lo que el otro le había mandado.

      Pero como era habitual que por aquellos lares frecuentasen todo tipo de peregrinos el cura que no lo creyó, se apartó del muchacho y díjole bien claro:

      -Mejor, dile tú a San Roque que se de prisa en bajar que aquí lo espero yo.

      Volvió el chico al monte para dar la noticia al Santo.

      Y este contrariado no tuvo más remedio que obrar el milagro.

      Tocando el muñón del muchacho hizo que este brazo dejara de ser inútil y de repente brotó ante la incredibilidad del pastorcillo el miembro que faltaba.

      -Baja otra vez al pueblo y enséñale tu brazo al descreído párroco para que siendo testigo del prodigio acuda aquí con premura.

      El chico, animado por el milagro que acababa de presenciar y sentir en sus propais carnes acudió raudo y veloz como los conejos ante el sacerdote y luciendo el brazo ante sus narices le dijo entre lágrimas y gozos:

      -Acuda rápido padre que mire lo que me ha hecho. Que yo antes era manco y ahora tengo brazo nuevo. Que ese hombre que arriba le espera no puede ser más que San Roque.

      El cura que conocía al pastorcillo desde niño quedó impresionado por el acontecimiento y con pies en polvorosa se dirigió a advertir a las autoridades para que acudieran con él a entrevistarse con el Santo.

      Cuando llegaron al establo, todos quedaron decepcionados, pues el hombre que obraba milagros ya no estaba presente.

      Entonces alguien dio aviso de que miraran a la puerta del establo y al hacerlo todos al unísono descubrieron la imagen del Santo estampada en la misma portezuela.

      Entonces los del pueblo, avergonzados por que no habían sido dignos de escuchar directamente las palabras de la boca del santo decidieron construir allí mismo una ermita dedicada a San Roque.

      En el Altar Mayor colocaron la puerta con la imagen del Santo que fue conservada hasta los tiempos en que la barbarie la borró del mapa. (La de ahora es una restauración).

      Desde entonces, aquel peregrino que descansaba al abrigo del sol, se convirtió en el Patrón y fue su protector ante las epidemias y otros males hasta el día de hoy.